La frontera impenetrable y el costo cada vez más prohibitivo de las rutas clandestinas hacia el norte han impulsado una transformación estructural en la movilidad humana. De acuerdo con los monitoreos más recientes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el 46% de los migrantes presentes en territorio nacional ha decidido quedarse en México y buscar su regularización formal.

“Casi la mitad de las personas migrantes encuestadas en la frontera y el centro del país ha decidido formalizar su residencia en México, eligiendo el arraigo laboral ante la imposibilidad del cruce hacia el norte.”
— Organización Internacional para las Migraciones (OIM) México / ACNUR
De país de paso a tierra de acogida y oportunidades
Ciudades como Guadalajara, Monterrey, Querétaro y la Ciudad de México han comenzado a recibir a familias de Venezuela, Colombia, Cuba y Centroamérica que tramitan su condición de refugiado ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) o tarjetas de visitante por razones humanitarias. La necesidad de mano de obra en sectores como la manufactura, la logística y los servicios ha facilitado su incorporación al empleo formal con seguridad social.
Los desafíos para la inclusión plena
Aunque el arraigo representa una luz de esperanza para miles de personas, aún persisten cuellos de botella burocráticos: saturación en las delegaciones del Instituto Nacional de Migración (INM), demoras en la emisión de la CURP y dificultades para abrir cuentas bancarias. Organizaciones de la sociedad civil instan a acelerar los procesos de regularización para transformar este fenómeno en un motor de prosperidad y enriquecimiento multicultural.