Periódico La Jornada
Martes 21 de enero de 2020, p. 3

Suchiate, Chis., Unos 2 mil migrantes centroamericanos cruzaron ayer caminando el río Suchiate –que divide a México de Guatemala–, luego de rechazar el ofrecimiento del gobierno federal de ingresar al país de manera segura, ordenada y regulada, pero la mayoría fueron contenidos y otros detenidos por agentes de la Guardia Nacional y del Instituto Nacional de Migración (INM), en medio de gritos y jaloneos.

Los uniformados lanzaron gas lacrimógeno contra los migrantes para tratar de impedirles el paso; sin embargo, varios cientos lograron ingresar a Ciudad Hidalgo, cabecera del municipio de Suchiate, y avanzar a pie sobre la carretera que lleva a Tapachula. No obstante, estos últimos fueron asegurados en Frontera Hidalgo.

Los alrededor de 2 mil indocumentados, en su mayoría hondureños, que desde las 5 horas permanecían en el puente internacional Rodolfo Robles esperando respuesta a una carta que dirigieron al presidente Andrés Manuel López Obrador para que se les autorizara transitar por México, atravesaron el río después de las 10 horas, cuando la delegada estatal del INM, Yadira de los Santos, les informó que se aceptaba su solicitud de ingreso siempre que fuera de acuerdo con la ley.

Hombres, mujeres y niños bajaron del puente para atravesar el cauce. En la margen del lado mexicano hallaron decenas de agentes del INM y de la Guardia Nacional con equipo antimotines, contra quienes lanzaron piedras e insultos, que no fueron respondidos.

Lo accidentado del terreno de la ribera generó que uniformados y migrantes resbalaran y cayeran, al tiempo que los primeros trataban de evadirlos, y los segundos de impedir su paso.

El incidente ocurrió en el sitio conocido como Paso del Coyote, donde mexicanos y guatemaltecos residentes de la zona abordan lanchas para cruzar el río y transportar mercancías.

Lanzan gas lacrimógeno

En medio del caos, gritos y llantos, los efectivos lanzaron gases lacrimógenos; no obstante, los centroamericanos siguieron avanzando. Corrían y al toparse con agentes buscaban otros caminos.

Por un momento pareció que el cerco policiaco fue rebasado; sin embargo, los agentes se repusieron una vez que les llegaron refuerzos, incluidos elementos del Ejército armados con palos.

Cientos de indocumentados lograron internarse en el pueblo, otros fueron detenidos por el INM entre jaloneos y golpes. Un soldado ayudó a cargar en brazos a una niña, mientras su madre caminaba con su otra hija de ocho años, para sacarla de la zona.

Se vio a un militar caminando aceleradamente junto con otros efectivos, mentando madres, pues recibió un golpe en la cara, lo que le provocó una hemorragia.

Después de media hora de confusión y gritos, la gran mayoría de los centroamericanos regresó al río –donde permanecían la noche de ayer– y los policías se mantuvieron en la parte de arriba, vigilando.

Estamos pensando quedarnos acá en el río hasta que el gobierno resuelva este problema, porque hemos luchado mucho para venir aquí, afirmó un hondureño.

Mi niña de siete años de edad casi se me desmaya, aunque no vamos a perder la fe, porque Dios tiene que abrir puertas, dijo una mujer. Agregó: Podíamos haber ingresado de 10 en 10, pero nos iba a pasar como a otros paisanos, que los agarran y los deportan. Por eso decidimos pasar todos juntos.

Un varón comentó: Cuando pasamos caminando el río fuimos atacados por la policía; nosotros no queremos violencia, sólo un pase para cruzar México. Si en Honduras tuviéramos trabajo y no estuviéramos muriendo de hambre, no estaríamos aquí.

Los centroamericanos arribaron al puente internacional ayer poco antes de las 5 horas, procedentes de la fronteriza ciudad de Tecún Umán, Guatemala, donde pernoctaron dos noches.

Por su parte, el gobierno mexicano cerró desde la medianoche del domingo las oficinas situadas cerca del puente, y suspendió todos los servicios migratorios y aduanales, entre otros.

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