Dic 2016

Por Raúl Ross Pineda*
El gobierno mexicano tuvo en el pasado reciente una mejor estructura burocrática para relacionarse con los mexicanos en Estados Unidos que habría servido mejor para reaccionar ahora ante el fenómeno Trump; pero, las administraciones más recientes se han encargado de arruinarlo.
En 2002-2003, durante la administración foxista, se había diseñado un esquema mucho más funcional en comparación con el previamente existente. Este modelo consistía de la siguiente tríada.
Uno. Un Consejo Nacional para la Comunidades Mexicanas en el Exterior (CNCME), integrado por los titulares de las poco más de una docena de secretarías vinculadas a los asuntos de los mexicanos en el extranjero. Esto trastocó un tanto la práctica de dejar los asuntos de los migrantes mexicanos bajo la atención casi exclusiva de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), creando un ente de coordinación entre todas las dependencias con programas o responsabilidades relacionados con los mexicanos en el extranjero. Este consejo se colocó bajo la presidencia del propio titular del Poder Ejecutivo.
Dos. Un Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME) como órgano ejecutivo del CNCME que, aunque por conveniencia administrativa quedó adscrito a la SRE, era un órgano de todo el CNCME y no exclusivo de la SRE, pues su trabajo sería coordinar la ejecución de todos los programas federales de atención a los mexicanos en el extranjero.
Y tres. Un Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (CCIME) integrado originalmente por alrededor de 120 migrantes, más un representante de cada uno de los gobiernos estatales de México. Este consejo estaba concebido como el mecanismo principal que los migrantes podrían utilizar para ejercer su influencia en las políticas que se acordarían en el CNCME y ejecutaría el IME.
Al margen de su origen, no se puede negar que este modelo estuvo bien pensado. Pero aquellos eran tiempos en los que el gobierno estaba afanado en demostrar que los asuntos de los migrantes habían ascendido en su escala de prioridades. Después, el grado de interés del gobierno en ellos ha venido disminuyendo paulatinamente, y eso es precisamente lo que refleja el silencioso desmontaje de dicha estructura, que ha venido ocurriendo paralelamente.
El CNCME se reunió algunas veces durante la administración de Vicente Fox, dejó completamente de hacerlo durante la de Felipe Calderón y la actual probablemente ni siquiera está enterada de que el decreto de creación de tal consejo aún continúa vigente. En los hechos, la función del CNCME y la conducción del IME se las apropió la Subsecretaría para América del Norte de la SRE.
Para acabarla de amolar, durante la presente administración, esa misma subsecretaría optó por transformar también el CCIME; no para mejorarlo sino para hacerse de uno más a modo, aunque esto haya significado volverlo aún más incapaz de cumplir con los propósitos que le dieron origen.
Lo anterior se aprecia mejor si se sabe que casi todo migrante que aspirara a ser consejero del CCIME debía ganar su lugar presentándose a una elección pública en la circunscripción consular que buscara representar; elección cuyos resultados podían ser impugnados por cualquiera, lo cual generaba ocasionales escándalos locales aislados y algunas animosidades entre los candidatos. Estas secuelas post-electorales fueron utilizadas por la subsecretaría y los directivos del IME para predicar que las elecciones no eran buenas e imponer el mejor método que ellos conocen: el consabido dedazo. Lo que realmente deseaban era un consejo decorativo, más dócil, pues uno que resulta de elecciones es más propenso a actuar con mayor independencia.
Otro argumento utilizado para lo mismo fue quejarse de que, por su tamaño, resultaba difícil tomar acuerdos en el consejo y muy alto el costo monetario de sus reuniones. Considerando que el presupuesto del IME no había crecido desde su creación, en 2003, no desaprovecharon la oportunidad de deshacerse de una parte de esta carga. Se dieron un consejo más pequeño, que ya no necesita tomar acuerdos y que prácticamente ya no se reúne. Hubieron otros argumentos, pero aquí ya no hay cupo para más.
En síntesis, el gobierno se deshizo del CNCME, prácticamente desmanteló al CCIME, y al IME lo mantiene con un presupuesto castigado, incomparablemente menor al que se entrega para financiar generosa e inexplicablemente a la agrupación Juntos Podemos, de Josefina Vázquez Mota.
Entre los trabajadores de la construcción circula una anécdota que habla de un maistro carpintero y su ayudante en un día que no había trabajo en la obra. Su dilema esa irse a casa sin cobrar lo del día o buscar algo que hacer para dar a su jefe la impresión de que estaban trabajando. La artimaña fue que el ayudante sacara una caja de clavos nuevos y se pusiera a enchuecarlos, para que luego el maistro los enderezara. El gobierno ha venido haciendo muy bien la chamba del ayudante; el problema ahora es averiguar ¿dónde carajos quedó el maistro?
*  El autor radica en Chicago desde 1986, es miembro de la Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Extranjero, y autor de varios libros y numerosos artículos sobre la vida de los mexicanos en EU. Correo electrónico: mxsinfronteras@gmail.com

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