Tenosique, Tab. En el puerto fronterizo de El Ceibo a 60 kilómetros de Tenosique, organismos solidarios de México –entre ellos la casa albergue del migrante “La 72” y el Movimiento Migrante Mesoamericano– dieron la bienvenida a 70 centroamericanas que emprendieron una nueva caravana por la ruta del Golfo de la migración hasta la frontera con Estados Unidos, en busca de sus hijos e hijas y algunos hermanos, desaparecidos en territorio nacional durante su tránsito.

Fray Tomás González Castillo, vestido con su sayal de franciscano les dio la bienvenida y recordó que a diferencia del ingreso documentado y protegido por las autoridades migratorias de que este grupo de mujeres, los cerca de 70 mil viajeros reportados como desparecidos y cuyo rastro se perdió durante la última década al hacer este mismo itinerario en condiciones atroces, extorsionados por autoridades gubernamentales y secuestrados y torturados por el crimen organizado.

“Es una vergüenza la que pasa en nuestro país”, dijo el sacerdote a las mujeres de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. “La complicadidad de los funcionarios corruptos y el crimen organizado han convertido a nuestro territorio en un cementerio de migrantes, han truncado el sueño bendito de sus hijos para cambiarlo en una maldita pesadilla”.

Por su parte Martha Sánchez Soler, dirigente del MMM, organizadora y gestora de la caravana, expresó su esperanza de que en este nuevo esfuerzo de movilizacion “encontraremos a muchos de sus hijos”. Muchas de ellas ya ancianas, la escuchan con fervor, aferradas a las fotografías de sus hijos e hijas perdidas.

Experiencias anteriores han demostrado que también en este vasto submundo de las listas de desaparecidos existen los milagros. milagros atribuibles no a alguna deidad, sino a activistas de carne y hueso, como el tabasqueño Rubén Figueroa, se empeñaron en buscar, escudriñar, atar cabos, seguir pistas, internarse en veredas y aldeas insospechadas y no darse por vencidos hasta dar con algunos de los migrantes perdidos.

Por eso, en esta caravana que se tituló “Liberando la esperanza” se han programado cuatro reencuentros de familias cercenadas por la migración, por ejemplo hoy por la tarde ocurrió el primer encuentro, una pareja de campesinos que proceden de la remota región de Gracias, Lempira, en las montañas de Honduras, Silveria Campos y José Benancio Mateo, abrazaron con profunda emoción a su hijo Servelio Mateo Campos, de quien no sabían nada desde hace ocho años. Silveria había venido en caravanas anteriores y dejó algunas pistas, las últimas cartas y los últimos contactos antes de perder comunicación definitivamente con Servelio.

Éste emigró a los 17 años. Era un muchacho analfabeta que nunca había salido de su aldea. En el trayecto del ferrocarril del golfo, conocido como La Bestia, fue asaltado y despojado de las pocas pertenencias que traía, hasta los zapatos. Humillado y perseguido, abandonó la ruta de los migrantes y se internó en la geografía tabasqueña hasta encontrar, bajo otro nombre, una vida propia, una esposa. Ahora es padre.

Su madre, Silveria, relata: “Muchas veces me puse a pensar si mi hijo estaba en la vida. Viví con la duda de poderlo encontrar”. Un buen día hace dos meses, un tabasqueño tocó a su puerta, en las montañas hondureñas. Era Rubén Figueroa. Había localizado a su hijo.

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