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Vulnerables ante la noche: El grito silencioso de las mujeres en tránsito y el refugio que frenó la pesadilla

El tránsito de mujeres migrantes por México está marcado por el asedio y la violencia de género. El informe testimonial de Mariela revela cómo la red de protección de los albergues frena redes de trata y reconstruye vidas.

“Las mujeres no solo huimos de la miseria o de las balas en nuestros países; en el camino tenemos que cuidarnos de las sombras. Cada noche en un descampado o en una parada de autobús es una ruleta rusa donde tu cuerpo es el blanco.”

Los estudios pioneros desarrollados por albergues como Casa Nicolás junto al Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI) han documentado con crudeza lo que miles de mujeres viven en el anonimato: hasta 6 de cada 10 mujeres experimentan algún tipo de violencia física, psicológica o abuso durante su trayecto por el territorio mexicano.

La trampa de las falsas promesas en el trayecto

Mariela, de 29 años, maestra rural en el occidente de Honduras, relata cómo un supuesto intermediario en San Luis Potosí le ofreció trasladarla en automóvil hacia la frontera a cambio de una suma módica. Al notar que el vehículo se desviaba hacia una bodega en despoblado y que los ocupantes comenzaban a hacer insinuaciones explícitas, aprovechó un semáforo en una zona transitada para saltar del auto y refugiarse en una farmacia abierta.

“Temblaba de pies a cabeza. Sabía que si no saltaba en ese segundo, terminaría vendida en una red de explotación de la que jamás saldría viva. En la farmacia llamaron a una patrulla, pero los policías solo me preguntaron por mis papeles. Afortunadamente, una enfermera intervino y me contactó con la red de albergues de la sociedad civil”, relata Mariela.

Un espacio de resguardo blindado por la empatía

Mariela fue trasladada a un área de seguridad especializada dentro del albergue, donde recibió contención psicológica inmediata y asesoría por parte de abogadas expertas en género y derechos humanos.

“Pararme frente a la ventana en la mañana, ver el cielo despejado, respirar sin angustia y saber que hay puertas con cerrojo y gente buena velando por ti no tiene precio. Los albergues no son hoteles de paso; son trincheras de vida para las mujeres que el mundo prefiere ignorar.”

— Mariela, 29 años, sobreviviente de violencia en la ruta migratoria

El testimonio de Mariela recuerda la urgente necesidad de fortalecer los presupuestos, donaciones ciudadanas y protocolos de protección para la red de refugios civiles en Nuevo León y en todo el país, cuya presencia evita a diario que historias de superación terminen en tragedias irreparables.

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