M.A.KIAVELO (El Norte)

CON la crisis de los migrantes arreciando en Nuevo León, que ni siquiera tiene dónde y cómo albergarlos a todos, se están dando hechos que dejan mal paradas a las autoridades federales. LUEGO de que Gabriela Zamora fue renunciada como titular del Instituto de Migración en el Estado, a muchos dejó con la boca abierta la falla en la selección de funcionarios para un cargo como éste porque las huestes de la 4T ya sabían hace tres meses a quién estaban designando. EL 2 de abril pasado, Zamora advirtió que asumía ese día el cargo de jefa de la Delegación de Migración con la visión de salvaguardar los derechos humanos, lo que era una postura obvia por su origen de defensora del migrante en una ONG. “LA intención no es seguir con la política que se tuvo anteriormente de detención-retorno”, dijo con toda claridad. “Aquí se está haciendo valer ese principio de no retorno de las personas migrantes”. A PARTIR de que las presiones de Donald Trump obligaron al Gobierno mexicano a volver a la política de mano dura, la delegada chocó una y otra vez con órdenes superiores. Y FUE hasta después de varios encontronazos con sus jefes y a que le prohibieron hablar con los medios que se cortó el hilo por lo más delgado hasta que, al final, le dieron las gracias y, en medio del caos, quedó acéfala la Delegación.

 

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