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WILLIAM GEOVANNY ORTES BENITEZ

Regresaste a Honduras en un avión privado del Estado mexicano para ser recibido por cadetes de la Academia Militar, por un ministro católico y el otro evangélico que rezaban por ti y, al final, por el presidente Porfirio Lobo. Nadie hubiera pensado que eso fuera posible cuando emprendiste tu viaje. A los 22 años vivías con tu esposa y tu hijo pequeño en la casa de tus abuelos en Catacamas, Olancho, que dejaste para buscar ese país donde un ebanista pobre puede hacerse rico trabajando y, con el tiempo, dejar de ser William para llamarse Mister William.

 

Querías llegar hasta allí huyendo de la miseria junto a tu hermana mayor,kenia, una de las 12 que tienes, para jalar después a tu viejo, Gabriel. Así se lo dijiste antes de partir a él y a tu madre de hermoso nombre, Olga Marina, cuando les pediste una colecta familiar para comenzar el recorrido.

Kenia se separó de tí en Guatemala y tú fuiste masacrado a pocos kilómetros de la frontera norte. Tu cuerpo fue identificadon gracias a pruebas de ADN; el Estado mexicano, tan poco cuidadoso con tu muerte como lo fue con tu vida, quería enviar a tu pueblo a un cadáver que no eras tú. Tu familia lo supo por un tataje.

Nadie hubiera pensado que nada de esto fuera posible. Por eso regresaste muerto a tu país y el presidente salió a recibirte. Ibas en el féretro número 30.

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