altillo, Coah., 21 de octubre. México puede ser muy lindo, pero muy triste por demasiada violencia, y donde hay violencia, no hay amor, consideró Martha Esperanza Blandón García, una nicaragüense que con la ayuda del Servicio Jesuita para Migrantes de Nicaragua y el Movimiento Migrante Mesoamericano, la próxima semana podrá rencontrarse con su gemela Blanca Azucena, a quien no ve desde hace 23 años.

Ella forma parte de la caravana Liberando la esperanza, integrada por mujeres centroamericanas que buscan a familiares desaparecidos en su trayecto a Estados Unidos. El año anterior, a su paso por México, este movimiento consiguió cinco rencuentros entre madres y hermanos desaparecidos, y este año van tres casos.

Blandón García dice que su hermana encontró el amor en México y formó una familia, pero está decidida a llevarla a su país, al menos para que se despida de su madre enferma. Aquí se enamoró y tuvo dos hijos. Es mejor estar en una rancha de palma, que te caigan goteras y el sol resplandezca en tu cara, pero que no haya violencia. Y comer un tiempo, pero no con tanta violencia, aseguró.

Mi mamá está mal del corazón, no puede caminar y no se quiere morir con la nostalgia de no volver a ver a su hija. Mi hermana salió de Nicaragua para buscar trabajo y ayudarle a mi mamá; ahora vive cerca del Distrito Federal, en Chalco. Tiene dos hijos y un nieto, señaló Martha Esperanza que además busca a Jaqueling María Jirón Silva, vecina que hace dos años desapareció.

María Barrera Rocha no ha perdido la esperanza. Desde hace nueve busca a su hija Clementina del Carmen Lagos Barrera, quien salió de Chinandenga, Nicaragua, rumbo al norte en busca de empleo. La investigación que efectuó en todo este tiempo la llevó a pensar que su hija había sido víctima de una red de prostitución.

Hace un año, cuando integró por primera vez la caravana, María Eugenia creía que su hija había sido vendida en Guatemala y que se encontraba en el norte de México, pero ahora asegura que la han visto en Tapachula, Chiapas, en una casa de la colonia 5 de febrero.

Una señora reconoció la fotografía y nos dio esa dirección, otras personas también la reconocen y probablemente sea mi hija, pero hablé con el señor de la casa que nos señalaron y niega que tenga a alguien ahí, nos respondió algo agresivo, tembloroso, y amenazó con demandarnos, nos tiró su portón y no pudimos verificar si era mi hija.

Clementina salió de su casa el 9 de noviembre de 2003, tenía 19 años y dos gemelas criadas por la abuela como sus hijas. Le pido a las personas que tal vez la conozcan, su nombre es Clementina del Carmen Lagos Barrera, le digan que ando acá en México, voy a pasar por Tapachula tal vez en 15 días y que la ando buscando, que yo y sus hijas queremos saber de ella.

María Eugenia habla como si se supiera escuchada por su hija. No la queremos llevar, vamos a respetar la vida que lleve actualmente, sólo queremos saber que está bien y, si mi hija es feliz, nosotros también vamos a ser felices. Sólo con saber que está viva, que está viviendo una vida normal o como sea, la vida que lleve, sigue siendo mi hija, sea cual sea su condición, es mi hija.

Si mi hija ha hecho su vida con alguna persona en México, si tiene más hijos, voy a comprenderlo. Sus hijas son mis hijas, prácticamente soy su madre y lo único que quiero es que tengan la satisfacción de conocerla, saber que su madre está por ahí en algún lugar de este mundo. Las 39 mujeres que forman parte de la caravana pasaron su segunda noche en Saltillo y este lunes por la mañana partirán a San Luis Potosí. TOMADO DE LA JORNADA)

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