ATENCION, LECTORES, LES PRESENTAMOS LA FLORITURA PUNZANTE DE UN MAESTRO DE LA PLUMA LIBRE:

El poder no solo corrompe: en muchas ocasiones, enloquece. Elba Esther Gordillo fulminó con los rayos y centellas de su pudrición espiritual a las mexicanas que trabajan. De golpe y porrazo la chiapaneca se ubicó en un espacio histórico que lo mismo podría ser antes de la separación Iglesia-Estado que en los años cincuenta del siglo pasado. Las madres que laboran para sostener a la familia o por lo menos para hacer menos pesada la carga al marido, son culpables de todos los males que tienen postrado a México: la descomposición de la sociedad; la violencia, al alza en cotas que no conocíamos; el desmantelamiento de una estructura de educación pública que durante décadas fue ejemplo para el mundo; el saqueo del patrimonio de México y, supongo, la contaminación ambiental, los cambios climáticos y la desforestación. Si la mujer está en la faena, nadie puede inculcar a los niños los valores morales que necesita para convertirse en persona de bien. La fémina no tiene porqué salir a buscar el sustento: lo suyo es barrer y trapear, lavar la ropa, guisar los frijoles, atender a la formación moral de sus hijos y parir todas las criaturas que Dios quiera enviar a su casa. Si se mueren de hambre padres y prole, bueno, son cosas del destino. Vaya: esto lo dice una profesora –maestra no, por favor; si acaso, lo será en malas artes— que ha dado a sus descendientes las mejores cátedras ya no de inmoralidad, sino de amoralidad. La mayor parte de nuestras escuelas son focos de infección, edificios casi en ruinas y cientos de miles de maestros no sólo cubren turnos dobles, sino que para vivir con decoro necesitan que la cónyuge tenga empleo para aportar su auxilio económico. Gordillo supo de estas cosas y otras peores en su infancia de miseria física y moral, pero ahora está hecha una bacana, como dice el tango: ropa de lujo, casas y depas en quién sabe cuántos países, joyas que deslumbran…y una parentela que, bien ubicada en la burocracia le da pellizcos de gigante al presupuesto. ¿Se dedicó Gordillo a atender a sus hijos o invirtió tiempo y esfuerzo en obtener, al precio que fuere, riqueza y poder? Dice la presidente de por vida del SNTE que en el sindicato no hay lugar para líderes vitalicios: no quiere competencia. Y grita que no ambiciona ser titular de la SEP. Claro, para qué: ella es la que manda en Educación Pública. Hace años, se quejó de que los vecinos de su depa de lujo en Polanco la espiaban cuando se daba el duchazo. Para empezar, creo que en cuanto a encanto físico no hay mucho que admirar. Entre Scarlett Johansson y EEG me quedo con la gringuita. Además, el espionaje erótico resultaba un tanto difícil. Conocí el edificio. Elba Esther vivía en un piso superior. Si la veían bichi vecinos de otros inmuebles, sería porque no cerraba las ventanas ni corría las cortinas. Todo esto sería cosa de risa loca, pero en realidad provoca lágrimas de dolor e impotencia: desde hace muchos años en la SEP ni siquiera cambian de lugar una silla sin el visto bueno de Gordillo. La enseñanza de niños y adolescentes, esto es, el futuro de México, está en manos de esta muje

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