El simbolismo de la pasión de Cristo sigue siendo relevante en la actualidad y en Tijuana, la comunidad migrante ha convertido esta tradición religiosa en un poderoso mensaje social al llevar a cabo un viacrucis que representa el sufrimiento, la fe y la esperanza de aquellos que viven en situaciones de movilidad.
En plena Semana Santa, nueve albergues de migrantes se reunieron en la Plaza Santa Cecilia, en el centro de la ciudad, para participar en esta representación. Con una cruz decorada con dibujos hechos por niños y una figura de Cristo en madera, los participantes recrearon cada estación del viacrucis, relacionando cada momento con los desafíos que enfrentan en su travesía.
El viacrucis no solo fue una expresión religiosa, sino también una representación simbólica de la experiencia de los migrantes. Cada estación evocó momentos clave como la salida forzada de sus países, los peligros durante el viaje, la discriminación y la separación familiar.
Durante la procesión, fueron los propios migrantes quienes llevaron la cruz, simbolizando no solo la carga física, sino también la emocional.
“Esta cruz es muy pesada, también cuando la esperanza se pierde, cuando después de hacer un gran esfuerzo, incluso invertir dinero para cruzar, te cierran la puerta completamente”, expresó Daniel Novelo, hermano lasallista.
Sus palabras reflejan la frustración y el agotamiento que experimentan miles de personas que, después de largos viajes y sacrificios, se encuentran con obstáculos que les impiden avanzar.
Hombres, mujeres y niños avanzaron entre rezos, llevando consigo historias marcadas por la violencia, la pobreza y la búsqueda de una vida mejor. Para muchos, migrar no es una elección, sino una necesidad para sobrevivir.
“Donde haya personas que tengan que abandonar sus hogares para salvar sus vidas, donde haya deportados o separados de sus familias, Cristo está presente sufriendo y esto nos sensibiliza”, agregó Novelo.
Desde la perspectiva religiosa, líderes de la Iglesia también destacaron la similitud entre la historia bíblica y la experiencia migrante actual.
“Nuestro Señor también fue migrante, pues tuvo que ir a Egipto y luego a otro lugar debido a la persecución. Nos recuerda a través de todas esas personas que migran a diario”, señaló Margarita Manjarrez, de la pastoral de la Arquidiócesis de Tijuana.
El viacrucis de migrantes se ha convertido en una herramienta para visibilizar una crisis humanitaria que continúa creciendo en la frontera. Más allá de ser una tradición religiosa, esta acción busca generar empatía en la sociedad y recordar que detrás de cada migrante hay una historia humana
