A las y los compañeros de lucha,

Reciban un saludo fraterno desde Nuevo León y desde Washington DC.

Mi presencia en estos territorios no es casual. Responde a una encomienda que asumí con convicción: continuar una misión organizativa en favor de las y los trabajadores H2,A2,TN. Aunque no tuve la oportunidad de conocer personalmente a César, mi vínculo con su legado se dio a través de su organizador Marco y su esposa, a quienes conocí por medio de una compañera mutua, Ellen, en el contexto del histórico boicot de la uva. Ese momento marcó mi decisión de comprometerme de lleno con La Causa.

Desde entonces, he sostenido mi trabajo sobre una base formativa sólida. En lo social, influenciado por la escuela organizativa de Saul Alinsky, entendiendo que el poder se construye desde abajo, con la gente y para la gente. En lo político-electoral, participando en procesos como las IPOs, comprendiendo que la disputa institucional también es un terreno de lucha. Y en lo sindical, con experiencias cercanas a organizaciones como ILGWU, donde aprendí el valor de la disciplina, la estrategia y la unidad obrera.

No temo ser parte de espacios de pensamiento crítico ni de tradiciones políticas que cuestionan el orden establecido. He encontrado inspiración en figuras como Rudy Lozano y Angela Davis, quienes encarnan una lucha con conciencia histórica, ética y profundidad ideológica.

Hoy me encuentro en México cumpliendo con esa misión. Y desde aquí afirmo: hay mucho que decir, pero sobre todo, mucho que hacer. La lucha no es estática; exige revisión constante, autocrítica y capacidad de adaptación.

Coincido en que el compañero Jorge Mujica ha señalado con claridad una verdad incómoda pero necesaria: la justicia social no es inmediata. Es un proceso largo, que puede incluso rebasar nuestras propias vidas. Sin embargo, eso no debe ser motivo de resignación, sino de mayor compromiso.

Seguiremos confrontando al sistema capitalista desde todos los frentes posibles:
desde lo legal,
desde la organización,
desde lo electoral,
y desde el pueblo mismo —su cultura, su identidad, sus limitaciones y su fuerza transformadora.

Lo haremos con inteligencia, con memoria histórica y con una autocrítica permanente. Porque la lucha verdadera no solo resiste: también aprende, evoluciona y construye.

Atentamente,

Humberto Salinas

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