El gobierno mexicano se dejó espantar con el petate del muerto sobre una catástrofe económica en caso de no alcanzar un acuerdo migratorio con Estados Unidos. No había tal desastre en puerta, afirma José Luis Calva, académico del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El 7 de junio el gobierno mexicano alcanzó un acuerdo migratorio para evitar que, a partir del 10 de este mes, la administración del presidente Donald Trump impusiera de manera progresiva aranceles a los productos mexicanos, iniciando con 5 por ciento hasta llegar a 25 por ciento en octubre. El canciller Marcelo Ebrard dijo que, en caso de que no se hubiera llegado a una negociación en los términos aceptados, la economía mexicana habría perdido 900 mil empleos y registrado una colapso de la actividad productiva.

Se pintó un panorama desolador en caso de que no hubiera acuerdo con Estados Unidos. Se asustó a la población, se asustó al Presidente con el petate del muerto. De ninguna manera esto es así, hay que dejar eso claro, sostiene Calva, impulsor de la iniciativa Consejo Nacional de Universitarios por una Nueva Estrategia de Desarrollo 2018-2024, que ha publicado hasta ahora 20 volúmenes con la participación de investigadores y académicos de instituciones públicas y privadas.

En entrevista, el investigador sostiene que el gobierno de México tuvo a mano la herramienta del tipo de cambio para negociar con Estados Unidos, sin que se decidiera a utilizarla. Y, en el contexto de las presiones recibidas por la administración Trump para forzar un acuerdo migratorio –en el que el gobierno mexicano aceptó desplegar efectivos para contener el flujo de migrantes en la frontera sur–, Calva recuerda la forma en que el gobierno de Lázaro Cárdenas condujo el país después de la expropiación petrolera de 1938.

Plantea una situación hipotética, en la que el gobierno de Estados Unidos hubiera decidido aplicar un arancel en caso de que México no hubiera aceptado el pacto migratorio.

Explica: México sí puede compensar vía depreciación del tipo de cambio, sin que se afecte la planta productiva y el empleo, porque 80 por ciento del comercio exterior es con Estados Unidos. En cambio, ese país no puede hacerlo. Esa es la única honda de David que tenemos contra Goliat.

La imposición unilateral de aranceles a los productos mexicanos por Estados Unidos sí hubiera provocado una depreciación del peso frente al dólar, agrega. Ese movimiento, precisamente, habría compensado en favor de la economía mexicano, dado que los ingresos en pesos mexicanos se hubieran mantenido estables: un dólar más caro aumenta el ingreso en pesos de las exportaciones mexicanas y compensa los aranceles estadunidenses, detalla. Y, de paso, se corrige la sobrevaluación que tiene el peso frente al dólar, afirma.

El planteamiento va más allá de la coyuntura. Un tipo de cambio competitivo es una de las mejores herramientas de política industrial, de acuerdo con el investigador.

La política cambiaria del tipo de cambio real competitivo es la mejor política industrial que un país puede tener y China es un buen ejemplo: los chinos son campeones en utilizar esa palanca de política industrial.

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