Tras la intimidación de elementos de la Guardia Nacional al Centro de Atención al Migrante Exodus, ubicado en Agua Prieta, Sonora, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) activó sus medidas de protección para los 133 albergues que tiene a lo largo del país. El secretario ejecutivo de la Dimensión de Movilidad Humana de la CEM, Arturo Montelongo, lamenta que, por medio de la Guardia Nacional, el gobierno mexicano le esté haciendo el “trabajo sucio” al presidente estadunidense Donald Trump, criminalizando la migración.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- “¡Vamos a entrar al albergue! ¡Venimos a realizar una verificación migratoria!”, les dijeron los agentes de la Guardia Nacional (GN) a los encargados del Centro de Atención al Migrante Exodus, localizado en la ciudad sonorense de Agua Prieta.

–¡No! ¡Aquí no pasan! Este es un lugar privado –los atajó en la entrada Perla del Ángel Martín, una de las trabajadoras voluntarias de ese albergue fronterizo.

Molestos, los cerca de 20 guardias se vieron unos a otros. El jefe del grupo se acercó a Del Ángel y, mirándola a los ojos, le dijo amenazante:

–Mire, este es un lugar público. Más vale que nos dejen entrar. Venimos a ver cuántos migrantes tienen, con qué donativos se están financiando ustedes y quiénes les dan esos apoyos.

–Aquí no entran. ¿Traen una orden escrita para poder inspeccionar? –le preguntó Del Ángel.

–No, no la traemos. Y ya déjenos entrar para hacer nuestra inspección –insistió el guardia.

Desde el interior del albergue, los atemorizados migrantes atisbaban a los guardias que habían llegado a bordo de tres vehículos militares. Al convoy se sumaron dos vehículos más. En un momento se juntaron más de 30 elementos de la GN, con uniforme castrense y portando armas largas.

A través de sus teléfonos celulares, los guardias reportaban el incidente a las oficinas locales del Instituto Nacional de Migración (INM), mientras que los encargados del albergue, para asesorarse, telefoneaban a la coordinación regional de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y a las autoridades eclesiásticas de la Diócesis de Nogales, que maneja esta casa del migrante.

Más tarde arribó el director del albergue, el sacerdote Ricardo Silva. También él se opuso a la entrada de los uniformados, quienes recibieron una llamada telefónica. Al parecer les ordenaron retirarse. Se subieron a sus vehículos y abandonaron el lugar. El altercado se había prolongado durante casi dos horas. Era la noche del 23 de junio pasado.

Perla del Ángel Martín, quien relata el incidente, cuenta que a partir de entonces están en alerta las casas para migrantes en esa línea fronteriza:

“Estamos en permanente contacto unas con otras; lo mismo con organizaciones de derechos humanos, pues en cualquier momento puede volver a irrumpir la Guardia Nacional en algún albergue, con la intención de capturar migrantes”, dice.

–¿Son ilegales estos operativos?

–Totalmente, pues la Ley de Migración, en su artículo 76, señala que no se pueden realizar verificaciones migratorias en estos albergues. Estos operativos violan además el artículo primero constitucional, referente al respeto a los derechos humanos.

Un estreno intimidante

Los focos rojos prácticamente se encendieron en los 133 albergues y centros de atención para migrantes que, como el de Agua Prieta, maneja en todo el país la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la institución con mayor infraestructura para atender a esta población vulnerable.

El sacerdote Arturo Montelongo, secretario ejecutivo de la Dimensión de Movilidad Humana de la CEM y quien a nivel nacional coordina el trabajo de estos albergues, comenta preocupado:

“Vendrán cosas muy graves si se repiten incidentes como el de Agua Prieta, donde la Guardia Nacional ya empezó a criminalizar la migración. ¡Imagínese! Bajo esa concepción se verán nuestros albergues como centros de delincuencia. Y esto no sólo afectará a los migrantes, sino también a los defensores de sus derechos humanos. Todos nos convertiremos en delincuentes.

“¡Claro! No faltará algún ‘coyote’ o traficante de personas que de pronto se cuele por ahí. Puede ocurrir. Mas no por eso debe criminalizarse a todos los migrantes, quienes lo menos que quieren es delinquir mientras están de paso en algún país (de tránsito) o llegan a su destino. No les conviene cometer delitos. Sería patear el pesebre.

“Por lo pronto, a través de la red de comunicación que tenemos entre los 133 albergues y casas de atención del episcopado estamos en alerta, al pendiente de cualquier otro incidente que pueda ocurrir.”

–¿Qué opinión le merece el que la Guardia Nacional se haya estrenado con operativos antimigrantes?

–Mire, ya de por sí es muy violento el solo hecho de que a la Guardia Nacional se le presente como un freno a la migración; eso es violentísimo en lo sicológico.

Nosotros, desde el principio, veíamos muy difícil la pretensión del presidente estadunidense Donald Trump de construir un muro en su frontera con México; difícil y a la vez ilógico. Pero ahora la Guardia Nacional hace las veces de muro, tan obstructivo como lo puede ser un muro material.

“El Instituto Nacional de Migración, en principio, no debe hacer uso de la fuerza. Pero la Guardia Nacional viene con la idea de que puede recurrir a la fuerza para detener migrantes y hacer revisiones en albergues, poniendo en peligro la integridad de las personas. Ojalá y no se llegue a eso.

“Pero tristemente hemos visto fotografías en los medios donde elementos de la Guardia Nacional les impiden a migrantes cruzar el Río Bravo para internarse en Estados Unidos. Eso no debe ser. Ese trabajo le corresponde a las autoridades estadunidenses, porque son ellas las que no quieren que crucen sus fronteras. Pueden hacer lo que quieran en su territorio. Aquí la Guardia Nacional no tiene por qué hacerles el trabajo sucio.”

Contra los muros humanos

En sus oficinas de la Dimensión de Movilidad Humana, el sacerdote Montelongo, con 19 años de trabajar en la pastoral para migrantes, asegura sin tapujos:

“Aquí en México ya estamos aplicando las leyes migratorias de Estados Unidos. Y todo por un capricho de Donald Trump, quien amenaza con imponer medidas arancelarias a nuestros productos en caso de que no apliquemos su política migratoria. ‘Te impongo aranceles si no me detienes a los migrantes’; esa es su amenaza, basada en sus cálculos políticos.

“Y el enviar a México a los solicitantes de asilo en Estados Unidos es echarlos simplemente a su patio trasero. Esto nos crea problemas de asistencia humanitaria en la frontera norte. Al menos nuestro gobierno debería exigirle al estadunidense que agilice los trámites de asilo para tantas personas.

“Este capricho de Trump nos lleva perder algo muy valioso: nuestra soberanía. ¿Dónde queda nuestra soberanía? ¿Somos ya títeres del gobierno estadunidense? Por lo pronto, al enviar a la Guardia Nacional a contener migrantes, el presidente Andrés Manuel López Obrador le está haciendo el trabajo sucio a Trump.”

Apenas anunció López Obrador el despliegue de la GN en la frontera sur, la CEM emitió un comunicado el pasado 10 de junio para oponerse a la medida. Dijo ahí:

“Desplegar 6 mil efectivos de la Guardia Nacional en la frontera sur no es una solución de raíz que atienda a las verdaderas causas del fenómeno migratorio. El combate a la pobreza y a la desigualdad en México y en Centroamérica pareciera quedar sustituido por el temor ante el otro, nuestro hermano.”

Y sobre la decisión gubernamental de bloquear a los migrantes para impedir la imposición arancelaria, el organismo cúpula de la jerarquía católica mexicana señaló:

“Nuestros hermanos migrantes nunca deben ser moneda de cambio. Ninguna negociación debe colocarse por encima de lo que la Iglesia y la sociedad civil han defendido por años: la no criminalización de los migrantes ni de los defensores de derechos humanos…Si hemos rechazado como mexicanos la construcción de un muro, no podemos convertirnos nosotros mismos en ese muro.”

Días después, el 19 de junio, con motivo del Día Mundial del Refugiado, la CEM emitió otro comunicado donde volvió a rechazar el despliegue de “muros humanos” que “militarizan” las fronteras, en clara referencia a la Guardia Nacional.

Señaló que la actual “estrategia migratoria” –provocada por la amenaza de “imposición de aranceles” – debe estar “basada en los derechos humanos” y no en la “inmediata militarización de las fronteras o levantamiento de muros humanos”.

Recordó que la postura de la Iglesia, basada en los lineamientos del Papa Francisco, se sustenta en cuatro ejes principales: “Acoger, proteger, promover e integrar” al migrante.

Crisis humanitaria

En la entrevista, asegura Montelongo que actualmente México vive una “emergencia humanitaria” por la gran cantidad de migrantes que atraviesan el territorio nacional y abarrotan los albergues.

“Empezamos a vivir la emergencia humanitaria a raíz del nuevo fenómeno de las caravanas de migrantes, quienes ya no sólo vienen de Centroamérica, sino también de África y Asia; es una migración transcontinental.

“Nuestros albergues no tienen ya capacidad para atenderlos. Están saturados. Ningún albergue puede atender a más de 500 personas. Y si llegan mil, pues claro que allí hay una emergencia. De tal manera nos vemos obligados a levantar carpas para alojar a tanta gente.”

“Para afrontar mejor esta emergencia, organizamos los albergues en tres zonas: norte, centro y sur. Y en todas estamos trabajando con las diócesis y las congregaciones religiosas dedicadas a la atención de migrantes, como los scalabrinianos o los jesuitas, las hermanas josefinas o de la Caridad.”

–¿Y cómo se allegan recursos?

–A través de donativos, de la solidaridad de la gente. Quien puede ofrecer algo, lo ofrece. Y siempre a nivel parroquial la gente pobre es la que más responde: da comida, agua, ropa, cobijas, medicamentos… El pobre responde por el pobre.

“Hay también gente que ofrece transporte y les dice a los migrantes: ‘Los podemos transportar de tal a tal punto’. Así los ayudan en su caminar. Claro, además hay instituciones eclesiásticas que tienen redes para apoyarnos en nuestro trabajo, como Caritas Internacional.

“Pero ahora, con el despliegue de la Guardia Nacional, toda esta labor de solidaridad y caridad cristiana empieza a criminalizarse, a convertirse en un delito. Por eso, estamos muy atentos ante cualquier irrupción como la de Agua Prieta.”

Por lo pronto, en las zonas fronterizas la GN ya está realizando rondines en los albergues, carreteras, hoteles, terminales de autobuses y puntos de mayor afluencia de migrantes.

Frida Martínez, abogada del albergue Espacio Migrante, de Tijuana, relata:

“Aquí en Tijuana, los elementos de la Guardia Nacional ya están realizando funciones de verificación migratoria. Incluso, junto con el Ejército, colocaron retenes en la terminal de autobuses y en la autopista que va a Mexicali. Realizan también rondines afuera de los albergues y en la zona conocida como Playas de Tijuana.”

–¿Y ustedes qué medidas están tomando?

–Estamos colocando candados en los accesos de nuestros albergues. Pedimos a los migrantes que, cuando salgan, vayan siempre acompañados, lleven consigo un número telefónico de un visitador de la CNDH y no se arriesguen a ir a Playas de Tijuana y otros puntos peligrosos. Nos preocupan sobre todo los haitianos, quienes son más identificables por su color de piel.

Arturo Montelongo refiere que, para afrontar este endurecimiento de la política migratoria, los episcopados de México, Estados Unidos y Centroamérica están planeando acciones conjuntas. Y adelanta:

“A principios de septiembre próximo, en Matamoros, habrá un encuentro entre los obispos mexicanos y estadunidenses de esa zona fronteriza. Y días después habrá otra reunión, en Tapachula, entre los obispos del sur de México y obispos de Guatemala, Honduras y El Salvador.

“A su vez, el Papa Francisco y el Vaticano, a través del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Migrantes, están apoyando nuestra labor, pues finalmente somos una sola Iglesia, un solo cuerpo.”

–… Un cuerpo que va en sentido contrario a la política migratoria de Trump, hoy replicada en México.

–Sí. Así es. La intención de Trump y de la Guardia Nacional es levantar muros. La nuestra es tender puentes y abrir puertas. Esa es la función de la Iglesia.

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