San Salvador. El arzobispo salvadoreño José Luis Escobar Alas criticó ayer la decisión de México de incrementar las medidas represivas para cerrar el paso a los migrantes que ingresan a su territorio con la intención de llegar a Estados Unidos.

Me duele mucho que se les trate así. Es una lástima que se les vea como criminales y que se les detenga aun antes de llegar al país de destino (Estados Unidos), dijo el prelado católico en conferencia de prensa después de la misa dominical en la catedral de San Salvador.

Escobar Alas se refirió a la decisión de desplegar 6 mil efectivos de la nueva Guardia Nacional, aparentemente como uno de los compromisos adoptados por México para reforzar la seguridad fronteriza y cerrar así el paso a los miles de migrantes centroamericanos.

“Es triste que México, que había mostrado una mano extendida –‘me refiero particularmente al presidente (Andrés Manuel) López Obrador, que lo hemos visto actuando con tanta humanidad’–, ahora pareciera que le doblaron el brazo cuando lo presionan con impuestos. Bueno, tiene que entenderse eso también”, manifestó el prelado.

Sostuvo que negar de esa manera la entrada de migrantes, según los expertos que han estudiado el problema, no frena la migración, porque de todos modos los indocumentados van a pasar; no es efectivo.

Escobar Alas, que calificó las medidas para frenar la migración de esfuerzos inhumanos, injustos y violadores de los derechos de las personas, dijo que ojalá estos países (México y Estados Unidos) nos ayudaran a superar los problemas que tenemos en Centroamérica, y así nuestros hermanos no van a migrar.

La mejor fórmula

Insistió en que la mejor manera de combatir la migración es desarrollando las zonas más empobrecidas, dotándolas de escuelas, clínicas, lugares de diversión, fuentes de trabajo y combatiendo la violencia, porque las personas salen de esas zonas y no sólo en las caravanas, sino también en migración interna, que ya es grande.

Se estima que más de 300 salvadoreños salen del país todos los días en busca del llamado sueño americano, pero no todos logran el objetivo, ya que la mayoría son engañados por traficantes de personas, que después de cobrarles elevadas cantidades de dinero los abandonan en el trayecto. Otros han muerto.

Desde octubre de 2018, miles de personas se unieron a las caravanas de migrantes que salieron del llamado Triángulo Norte de Centroamérica –El Salvador, Honduras y Guatemala, países azotados por pandillas, violencia y pobreza– con el objetivo principal de ingresar a Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida. A la larga muchos esperan poder pedir asilo.

Pero no todos han logrado llegar a su destino: miles de centroamericanos están varados en la frontera entre Estados Unidos y México. Esta concentración de migrantes irregulares llegó en mayo a su punto más elevado en una década, y las autoridades estadunidenses advirtieron que no tienen fondos ni recursos para cuidar al creciente número de padres y niños que ingresan al país.

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